Cuando pasaron unos minutos vieron una puerta, ellos felices fueron a abrirla para escapar pero justo llegó el dueño de la casa.
Y les preguntó que hacían en su casa, los niños asustados corrieron por toda la casa y se escondieron debajo de la cama del hombre.
El hombre les encontró pero era bueno y dijo que no iba a llamar a la policía.
Dijo que si querían podían ser amigos y que hicieran la excursión juntos porque conocía muy bien la montaña.
Y así todos formaron una gran amistad.
Javier Nogales Sánchez
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